<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0" xml:base="http://www.editionspapiers.org" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
<channel>
 <title>france</title>
 <link>http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/85</link>
 <description>Vue des listes de nodes par la taxo</description>
 <language>fr</language>
<item>
 <title>Atrapado en el espacio, perdido en el tiempo</title>
 <link>http://www.editionspapiers.org/publications/atrapado-en-el-espacio-perdido-en-el-tiempo</link>
 <description>&lt;p class=&quot;annexes&quot;&gt;
&lt;b&gt;(Présentation du texte)&lt;/b&gt; L’attente peut être considérée comme l’« activité » par excellence de ceux qui demandent l’asile, et les centres pour demandeurs d’asile en France (CADA) – espaces provisoires par définition – comme des lieux d’attente.&lt;br /&gt;
Le temps du centre se caractérise par une sorte d’hypertrophie de l’attente. La vie au CADA apparaît comme une halte, une interruption momentanée, un moment pour reprendre son souffle (s’occuper de soi en ayant les moyens de survie garantis) dans une trajectoire marquée par la circulation et la traversée de frontières.&lt;br /&gt;
Les personnes rencontrées au cours de mon enquête de terrain ont dû attendre entre six mois et quatre ans, période pendant laquelle elles n’ont pas le droit au travail et leur statut légal est précaire. Malgré l’objectif politique affiché de raccourcir les temps de procédures, une bonne partie de mes interlocuteurs attendent toujours. La première fois que j’ai visité un CADA, une intervenante sociale m’expliquait que l&#039;essentiel de son travail consistait en « l’accompagnement pour gérer l’attente ».&lt;br /&gt;
Mais que veut dire en réalité attendre ? Qu’est-ce qui se passe lorsqu’on est mis en attente ? &lt;br /&gt;
Puisque contrainte, l’attente implique une forme de soumission et, comme l&#039;a souligné Pierre Bourdieu (1997), elle modifie la conduite de ceux qui sont suspendus à la décision attendue. La procédure d’asile et l’entrée en CADA induisent un basculement du temps qui vient s’ajouter à la contradiction temporelle qui habite l’émigré, ballotté entre deux temps, deux conditions, deux pays (Sayad, 1999). &lt;br /&gt;
Cet article explore l’attente quotidienne d’Aké, jeune demandeur d’asile accueilli dans un CADA de la banlieue sud de Paris. Il s’agit de proposer, à partir de pratiques quotidiennes - ces activités par lesquelles on en passe pour « tuer », « oublier » le temps -, une réflexion sur la banalisation de l’attente dans ces espaces de mise à l’écart.&lt;br /&gt;
L’accent mis sur ce rapport à la temporalité, peut paraître sous-estimer les autres dimensions de l’expérience des demandeurs d’asile accueillis en CADA ; le confinement, le contrôle, l’altérité, constituent, certes, d’autres aspects de l’expérience, à peine effleurés ici. Il m’a semblé pourtant nécessaire de rendre compte des expériences quotidiennes d’Aké ainsi que du regard qu’il porte sur son vécu car l’attente permet de s’attarder sur un aspect, certes moins spectaculaire que la traversée de la frontière par exemple, mais tout aussi constituant de l’itinéraire de ces « populations flottantes ». Dans l’attente et ces espaces de confinement, l’inutilité des « indésirables » apparaît en creux. (C.K.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&amp;nbsp;
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
Debía llevar la espera – y el desabrimiento – en soliloquio…&lt;br /&gt;
Antonio Di Benedetto, &lt;i&gt;Zama&lt;/i&gt;.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&amp;nbsp;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La espera puede ser considerada como la “actividad” de aquellos que solicitan refugio en Francia por motivos políticos&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;De acuerdo con la definición jurídica internacional, es refugiado toda persona que: “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él” (Convención de Ginebra, Art. I. A.2, cf. www.unhcr.ch). Quien solicite esta protección internacional es considerado un “peticionante de asilo”.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote1&quot; href=&quot;#footnote1&quot;&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, y los centros de recepción y asistencia para peticionantes de asilo – espacios, por definición, provisorios, de tránsito – como lugares de espera. Las personas que encontré durante el trabajo de campo debieron – deben, puesto que, para muchos, todavía es parte de su presente – esperar la evaluación administrativo-legal de su solicitud entre seis meses y cuatro años, durante los cuales no pueden trabajar legalmente, viven en dichos espacios de confinamiento gracias a la asistencia social del Estado y su situación jurídica es precaria. Pero ¿qué quiere decir en realidad esperar? ¿Qué ocurre cuando se es puesto a esperar? El presente artículo constituye una exploración de la espera en la vida de todos los días de un peticionante de asilo que se encuentra en un centro de recepción ubicado en los suburbios de París. A partir de sus prácticas cotidianas, me interesa indagar en lo que sucede cuando la espera se banaliza, cuando aparece como algo casi “natural” y “familiar”. Esta reflexión se basa en un corpus etnográfico recolectado fundamentalmente en dos centros para peticionantes de asilo&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Dichos centros son financiados por el Estado y administrados por diversas ONGs. Se trata de instituciones parcialmente cerradas de albergue colectivo, que ofrecen un seguimiento sanitario, ayuda jurídica para la petición de asilo, escolarización para los hijos y un acompañamiento social. En ellas se encuentran entre 80 y 300 personas de distintas nacionalidades (familias numerosas, monoparentales, personas solas) mientras esperan la resolución de su solicitud de refugio.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote2&quot; href=&quot;#footnote2&quot;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; entre fines de 2003 y 2008. Más precisamente, conocí a Aké&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Su nombre, así como el de todos mis interlocutores, es ficticio.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote3&quot; href=&quot;#footnote3&quot;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;  en marzo de 2005. La metodología utilizada consistió en entrevistas (con y sin grabador), discusiones en las que tomé notas, otras en las que no, en la simple observación de sus interacciones y quehaceres cotidianos en el Centro y en la observación participante de situaciones más o menos ordinarias como las salidas recreativas organizadas por los trabajadores sociales, las reuniones o eventos institucionales. Estas páginas se nutren también de innumerables conversaciones fuera del ámbito del Centro, incluso después de haber dado por terminado el trabajo de campo intensivo, tomando café en un bar parisino.
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
La espera puede ser considerada como la “actividad” de aquellos que solicitan refugio en Francia por motivos políticos , y los centros de recepción y asistencia para peticionantes de asilo – espacios, por definición, provisorios, de tránsito – como lugares de espera. Las personas que encontré durante el trabajo de campo debieron – deben, puesto que, para muchos, todavía es parte de su presente – esperar la evaluación administrativo-legal de su solicitud entre seis meses y cuatro años, durante los cuales no pueden trabajar legalmente, viven en dichos espacios de confinamiento gracias a la asistencia social del Estado y su situación jurídica es precaria. Pero ¿qué quiere decir en realidad esperar? ¿Qué ocurre cuando se es puesto a esperar? El presente artículo constituye una exploración de la espera en la vida de todos los días de un peticionante de asilo que se encuentra en un centro de recepción ubicado en los suburbios de París. A partir de sus prácticas cotidianas, me interesa indagar en lo que sucede cuando la espera se banaliza, cuando aparece como algo casi “natural” y “familiar”. Esta reflexión se basa en un corpus etnográfico recolectado fundamentalmente en dos centros para peticionantes de asilo  entre fines de 2003 y 2008. Más precisamente, conocí a Aké  en marzo de 2005. La metodología utilizada consistió en entrevistas (con y sin grabador), discusiones en las que tomé notas, otras en las que no, en la simple observación de sus interacciones y quehaceres cotidianos en el Centro y en la observación participante de situaciones más o menos ordinarias como las salidas recreativas organizadas por los trabajadores sociales, las reuniones o eventos institucionales. Estas páginas se nutren también de innumerables conversaciones fuera del ámbito del Centro, incluso después de haber dado por terminado el trabajo de campo intensivo, tomando café en un bar parisino.
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
Aké llegó al centro para peticionantes de asilo donde lo conocí en diciembre de 2004, después de haber pasado varias semanas en casa de unos compatriotas que había encontrado en un bar de la Place de Clichy en París. Antes, no le había quedado otra opción que dormir en el metro. Es de Costa de Marfil, tiene hoy treinta y tres años. Hijo de un médico fallecido cuando tenía seis años y de una profesora de secundario, pertenece a una familia acomodada de Bouaké (segunda ciudad más importante del país). “No digo que éramos príncipes pero teníamos todo allá”. Después de la escuela, se inscribió en la universidad para estudiar administración, pero no pudo terminar la carrera. En aquel tiempo, además de la facultad, Aké trabajaba como maestro en una escuela y participaba en el proyecto Ecole pour Tous (literalmente, Escuela para Todos), una ONG que había fundado junto a unos compañeros con el apoyo de UNICEF. También escribía crónicas sobre la turbulenta situación de su región para el diario Le Front.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Manifestaciones, clases boicoteadas, situaciones de violencia en las que se vio involucrado en Abidjan, protestas… sus artículos eran percibidos como críticas agudas, las amenazas se hicieron frecuentes, lo peor estaba por venir. Un miércoles por la noche, en casa de su madre junto a su pequeña hija y su compañera, relata Aké, tocan a la puerta. Abre, dos balazos, cae inconsciente al suelo. No se acuerda de lo que vino después. Su madre recibió un tiro, murió en el acto. A él también lo creyeron muerto. Cuando se fueron los agresores, su tía lo llevó al hospital escondido en su auto. Lo operaron de urgencia. Convaleciente, sintiéndose culpable por la muerte de su madre, se escondió lejos de Bouaké – epicentro de la rebelión que estalló en septiembre de 2002 –. Su tía organizó sus funerales, como para que toda la comunidad confirmara su muerte. Aké cruzó la frontera en camión y llegó hasta Bamako (Mali), donde se quedó en casa de unos amigos. Luego de idas y vueltas para terminar de conseguir el dinero, un “coyote” lo hizo venir a Europa con un pasaporte falso, del que se deshizo una vez pasada la aduana. Viajaron juntos hasta Barcelona, donde Aké se quedó una semana, durmiendo en una pensión, antes de decidir comprar un pasaje en bus para París. En la Ciudad Luz todo era sombra. Aké recuerda haberse sentido “completamente desorientado” a pesar de hablar el idioma, no entendía la red de subterráneos, no conocía a nadie, todo el mundo parecía hostil. Pero sabía que iba a pedir asilo. Y eso hizo. Completó el formulario que le entregaron en la Prefectura, escribió su historia de persecución&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Con el fin de evitar la discusión respecto de la verdad o falsedad del relato y la legitimidad o ilegitimidad de la petición de asilo – discusión sin duda interesante, y que adopta a menudo proporciones inconmensurables, pero que poco aporta a la exploración de la espera –, no aparece en este texto ninguna referencia clara o precisa a la “historia de persecución” de Aké.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote4&quot; href=&quot;#footnote4&quot;&gt;4&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; y unos meses más tarde, justo el día de su cumpleaños, la Oficina francesa de protección de refugiados y apátridas (OFPRA) – organismo encargado de evaluar la elegibilidad de la petición – lo convocó a una audiencia. Las cosas no sucedieron como él imaginaba, la cita sólo duró diez minutos:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Cuando salí de la entrevista era pesimista, no podía creerlo, yo la escuché [a la Oficial de Protección] todo el tiempo… pero era yo quien debía hablar… Después de un mes, dos meses, tres meses, me puse más optimista. El tiempo pasaba y me sentía un poco mejor” (19/12/05)&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Todas las citas textuales de Aké están traducidas del francés.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote5&quot; href=&quot;#footnote5&quot;&gt;5&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. 
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
Cuando le pido durante una entrevista que me cuente un recuerdo agradable vivido en Francia, Aké no duda un segundo: “el día que entré al Centro, dije uff”, responde, dejándose caer sobre la cama, sonriente. Aké, como la mayoría de mis interlocutores, afirma sentirse “aliviado” en el Centro, “más tranquilo”. En este sentido, Elianne, peticionante de asilo congoleña, me explicaba:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Acá, al menos puedo relajarme un mínimo, sé que mis hijos se levantan a la mañana y pueden bajar a tomar el desayuno, que van a comer a la noche, que se ocupan de su salud. Comienzo a relajarme un poco” (28/02/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La entrada al Centro abre un tiempo para ocuparse de sí (consultar un médico, empezar una terapia psicológica, etc.) Es también un tiempo de aprendizaje de los códigos propios a la sociedad receptora, sobre todo, de la burocracia francesa. Aké, al igual que Elianne, se siente “aliviado” porque no tiene que pensar dónde va a dormir al día siguiente, sus medios de subsistencia están garantizados y beneficia de la asistencia técnica de los profesionales del Centro, que “saben qué [hay que] hacer”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
A pesar del significativo aumento de su capacidad y de la disminución del número de solicitantes de asilo, el dispositivo de recepción y asistencia francés constituye un recurso escaso, puesto que no todos los solicitantes acceden a este tipo de ayuda. Sólo unas 20 000 personas obtienen lugar en un Centro, en tanto las solicitudes de asilo rondaron, en 2008 la cifra de 27 000 a la que hay que sumar unos 8 300 menores que acompañan a sus padres, alrededor de 7 200 pedidos de revisión y un número incierto pero elevado de peticionantes de años anteriores cuyas solicitudes todavía no fueron estudiadas. Los “privilegiados” que acceden al dispositivo son asistidos durante todo el período y cuentan con la ayuda técnica para construir su petición, lo que no es una ventaja menor si se toma en cuenta la elevada proporción de personas que obtienen el estatuto&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Las solicitudes que obtienen una respuesta positiva, esto es, el reconocimiento de la condición de refugiado, no superan el 20%. Aunque no hay datos oficiales, se calcula que los peticionantes de asilo que se encuentran en los Centros tienen entre un 50 y un 85% más de chances de obtener el estatuto. &quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote6&quot; href=&quot;#footnote6&quot;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. De hecho, el Centro constituye un período de (pseudo) estabilidad bajo el ala protectora del Estado, aun cuando se trate de una tranquilidad provisoria. &lt;br /&gt;
Indudablemente, vivir durante un lapso de tiempo más o menos prolongado en un Centro puede ser la mejor opción si la otra posibilidad es encontrarse en la calle, sin recursos materiales y sin el savoir faire necesario para insertarse en la lógica administrativa de manera eficaz. No obstante, es importante subrayar que la entrada al dispositivo de recepción no es sin consecuencias. Sin ser un espacio de excepción (como un “campo” o un centro de retención administrativa donde se mantiene a los inmigrantes ilegales antes de su expulsión del territorio nacional), ni una institución total goffmaniana (como puede ser la cárcel), el Centro es un espacio de confinamiento, donde las prácticas oscilan entre el control y la compasión&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Cf. D, Fassin, « Compassion and Repression: The moral economy of immigration policies in France», En: Cultural Anthropology 20, nº 3, AAA/ University of California Press, 2005.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote7&quot; href=&quot;#footnote7&quot;&gt;7&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. Los peticionantes de asilo dependen del Centro para recibir la ayuda financiera, para el alojamiento, para la escolarización de los hijos. Aunque sus puertas estén abiertas y gocen teóricamente de libre circulación, es imposible ausentarse unos días del Centro sin advertir a los asistentes sociales. Deben conformarse a sus instrucciones y ven el más mínimo detalle de su vida inscripto en un dossier. La asistencia en el Centro provoca, en cierta medida, la pérdida de la autonomía, y muchos solicitantes perciben su vida allí como “la vida en la cárcel” o “la vida bajo vigilancia”&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Las nuevas reglamentaciones de 2007 acentúan las prácticas de control, obligando a las autoridades de los Centros a enviar regularmente a la Prefectura de policía información sobre los extranjeros que albergan. Lo que, entre otras cosas, permite al Estado ubicar a los peticionantes de asilo cuya solicitud acaba de ser rechazada (y que los convierte en ilegales), para, eventualmente, apresarlos y expulsarlos del espacio comunitario europeo. Basta echar una mirada a los diarios franceses para notar que las operaciones de control de identidad y de detención de “ilegales” se han vuelto cotidianas, para recordar que el flamante gobierno de Nicolas Sarkozy se ha propuesto batir el récord de expulsiones.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote8&quot; href=&quot;#footnote8&quot;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El ejercicio del poder sobre el tiempo de los otros, más concretamente, hacer esperar a los solicitantes, excede en mucho la forma de gobierno del Centro y está vinculado, más ampliamente, a las condiciones (políticas y sociales) del asilo en Francia. Impuesta, la espera implica una forma de sumisión y, tal como apunta Pierre Bourdieu&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;P. Bourdieu, Méditations Pascaliennes, Paris, Editions du Seuil, 1997.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote9&quot; href=&quot;#footnote9&quot;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, mientras dura, modifica la conducta de aquellos suspendidos a la decisión esperada. Así, la petición de asilo (y la entrada al Centro) implica una perturbación del tiempo que se suma a la contradicción temporal que habita al emigrante, tironeado entre dos tiempos, dos condiciones, dos países&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Cf. A. Sayad, La double absence. Des illusions de l’émigré aux souffrances de l’immigré, Paris, Editions du Seuil, 1999.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote10&quot; href=&quot;#footnote10&quot;&gt;10&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. Dejo de lado en este artículo la dimensión política de la espera para abordar solamente la forma en que ésta es vivida en el Centro. Para los solicitantes que no acceden a este tipo de asistencia, la espera queda subsumida a la búsqueda de un sitio para dormir, dinero para comer. La prioridad es subsistir, no hay espacio para que se despliegue la espera. Al contrario, el confinamiento en el Centro hace que la espera tome cuerpo, imprimiendo una suerte de materialidad a la experiencia del tiempo, que propongo explorar a continuación.
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
No hay ruido. La puerta de la primera habitación está cerrada, los chicos seguramente están en la escuela, los crucé esta mañana. La puerta de la habitación que ocupa desde hace un año la pareja moldava está entreabierta, Ludmila barre mientras su marido conversa con un hombre que no conozco. Son las dos de la tarde, todo está tranquilo en este departamento del tercer piso. Golpeo a la última puerta, al fondo. Aké está en su pequeña habitación, la tele encendida pero sin volumen, tirado en su cama, escucha la radio. ¿Qué hacías? “Nada, como siempre” (notas de campo 04/07/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&amp;nbsp;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Este fragmento de mis notas del 4 de julio de 2005 no es muy diferente de lo que escribí el 21 de abril, el 14 de febrero o el 31 de mayo. Podría decirse que no pasa demasiado. Como en algunas películas del llamado “nuevo cine argentino”, como La libertad o Los muertos de Lisandro Alonso, o como Hamaca Paraguaya de Paz Encina&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;De las tres películas mencionadas, Hamaca Paraguaya es la única que trata explícitamente el tema de la espera.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote11&quot; href=&quot;#footnote11&quot;&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, donde sólo el espectador despistado aguarda que pase algo extraordinario que cambie el ritmo de la historia. En este apartado será cuestión de explorar un aspecto que el material etnográfico refleja de manera contundente: la percepción de un tiempo vacío. O, lo que parecería una experiencia vecina, el aburrimiento.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Cuando conocí a Aké, según sus propios términos, no hacía gran cosa de sus jornadas, se quedaba todo el tiempo en su pequeña habitación salvo cuando debía ir al psicólogo o cuando participaba de las actividades del Centro. Leyendo mis notas de campo, al principio, pensé que podía tratarse de un efecto de escritura; ahora, después de haber releído la totalidad del material, descarto esa idea. Al contrario, fragmentos como el citado ilustran bien una tarde en el Centro tal como la describe la mayoría de mis interlocutores, tal como yo misma lo viví. Durante unos meses, en una etapa en la que pasaba todo el día en el Centro, cuando no tenía prevista ninguna entrevista, solía pasar por la habitación de Aké a tomar un té, comer mandarinas en invierno, melón en verano, charlar sobre los temas más diversos o mirar la televisión siempre encendida. Según su humor, por períodos, Aké se queda encerrado en su habitación la mayor parte de la jornada o se va temprano y regresa con el último metro. En general comienza su día a las seis para rezar y luego vuelve a la cama. Se levanta alrededor de las diez y media. La mañana transcurre entre las noticias en la radio, el correo que baja a buscar a las oficinas de los asistentes sociales, alguna conversación con otros peticionantes que cruza en las escaleras. La tarde es el tiempo de la televisión&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Ya sea un aparato viejo, nuevo, grande o pequeño, todos los peticionantes de asilo, vengan de donde vengan, se compran o consiguen un televisor. A pesar de su omnipresencia, sus usos son diversos: forma de conocimiento (de la lengua o la cultura), espectáculo o compañía (cf. V. Caradec,  « Vieillesse et télévision. Diversité des modes de vie et des usages », En : O. Donnant, Olivier (Ed.) : Regards croisés sur les pratiques culturelles, Paris, La documentation française, 2003). Para Aké la televisión es “un ruido de fondo”, que puede pensarse a la luz de lo que Jakobson (R. Jakobson, Essais de linguistique générale. Les fondations du langage, Paris, Editions de Minuit, 1963) denomina la función fática del lenguaje, esto es, cuando el mensaje está centrado únicamente en el contacto, el canal físico y la conexión psicológica que permite la comunicación. No se trata aquí de transmitir sentido sino de garantizar la posibilidad de un vínculo con el mundo exterior.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote12&quot; href=&quot;#footnote12&quot;&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. Si hay una salida al parque, a París, tal vez participe. Si “tiene pilas”, según él mismo comenta, viaja una hora y media en colectivo y subte para ir al bar de Place de Clichy a encontrarse con sus compatriotas. A ello se suman, por supuesto, las visitas a la Prefectura, cada tres meses, para renovar su carta de estadía provisoria, la cita semanal con el psicólogo, las compras. Tal vez a la noche charla un rato con algún vecino. Algunos extractos de mis notas dan cuenta de su cotidianidad:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
Cuando llego a su habitación, la puerta está abierta, lo veo ordenando la vajilla. La tele está encendida, aunque no la mire, para “escuchar el ruido”. Acaba de comer, me propone un té. Charlamos sobre cualquier cosa al principio, luego sobre los ritos de iniciación y su experiencia en el bosque sagrado (…) Los programas televisivos se suceden, nosotros charlamos (…) su celular suena una vez, “es un amigo marfileño”, me explica. No había previsto nada para hoy. “Por suerte viniste, me aburro un poco” (notas de campo, 21/04/05)
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
No había previsto pasar por su habitación pero lo intento porque me queda un rato libre antes de una entrevista con una señora de Sri Lanka. Parece que no hay nadie en el departamento, sólo oigo el ruido lejano de la tele. Constato que está. Golpeo. ¿Puedo entrar? ¿Qué hacías? “Sí, nada en particular, me embolo un poco como siempre pero todo bien ¿Querés un té?” (…) La charla esta vez versará sobre un tema de actualidad: las caricaturas de Mahoma (notas de campo, 14/02/06).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Cuando Aké habla de su vida, cuando cuenta su historia, distingue de manera explícita dos tiempos que, en realidad, se corresponden con dos espacios: el tiempo “allá”, el tiempo “acá”. Estas dos temporalidades son vividas como antitéticas:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Cuando hay algo tan sorprendente que te pasa y que no lográs entender… No puedo entender cómo con personas que conocés desde siempre, de pronto por nada, por razones que no se tienen paradas, por cuestiones de ideología, por cuestiones de liderazgo, se pueda asesinar… ya no entiendo nada. De todos modos, todo pasó como un flash, me parece que fue un sueño, un mal sueño, todo lo de… sobre todo en Bouaké, me duele. Lo peor es respecto a mi madre (…) Nunca hubiera pensado en algo así, todo fue un flash. Acá es diferente, hay tiempo, es real, es bien real” (19/12/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
A la vida activa, al tiempo repleto de obligaciones y eventos extraordinarios (que marcaron su partida), se opone el tiempo sin actividades, el tiempo de la espera en el Centro, donde el aburrimiento constituye el malestar impalpable pero real de la vida cotidiana. Su antiguo horizonte temporal le permitía estructurar sus jornadas mientras que ahora (“acá”) el tiempo es elástico y aparece tan estirado que se hace abstracto. Una de las principales dificultades cuando se aborda el tiempo, según apunta Norbert Elias&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot; N. Elias, Du temps, Paris, Fayard, 1984.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote13&quot; href=&quot;#footnote13&quot;&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; es la tendencia a atribuir al tiempo mismo ciertas propiedades de los procesos de los cuales el concepto representa simbólicamente los aspectos evolutivos. Así, decimos “el tiempo pasa” haciendo referencia a las transformaciones continuas de nuestra existencia o de la sociedad en la que vivimos. El ejemplo inverso, pero similar, es el de los peticionantes de asilo en el Centro, allí cuando dicen “el tiempo no pasa” – frase que se repite –, lo que no evoluciona es, en realidad, la situación en la que se encuentran atrapados.
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Pedir asilo al principio era para estar seguro. Segundo plano, paso tiempo acá, paso mucho tiempo y ¿qué hago? No hago nada, estoy bloqueado. Este tiempo debería ser a mi favor, debería permitirme recrearme, pero sin papeles, ¿qué puedo hacer? Un ejemplo es lo que me pasó en la universidad Paris 12, me dijeron dónde está tu permiso de residencia, les muestro mi papel provisorio y me dicen que hace falta un permiso de un año y como encima no ingresé al país de manera regular no se puede hacer nada, no me pueden aceptar. Ves el obstáculo, te ves prisionero, prisionero de Francia porque mientras estés en este engranaje no te podés salir, no te vas a ir. Estás bloqueado, no te podés mover como querés, no podés estudiar, casi estás obligado a quedarte entre estas cuatro paredes. Es difícil, es una situación de opresión la que estoy viviendo, hoy puedo decir que pedir asilo es para mí la posibilidad de tener los papeles pero ayer no decía eso. Era el estatuto de refugiado para tener la libertad, para tener mi libertad, pero ahora mi libertad, aunque no sé cómo llamarlo, [porque] no es lo mismo, está bloqueada” (19/12/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Aké tiene la sensación que no puede ejercer plenamente su libertad, los problemas, claro, no son los mismos que en su país, no está perseguido, no está amenazado, sin embargo siente que su libertad está “aplastada” porque (legalmente) “no puede hacer nada”, se trata de un tiempo “bloqueado”. En el fragmento de entrevista citado la espera aparece como no-productiva, negativa, vinculada a un sentimiento de opresión. Ello debe pensarse en relación al confinamiento en el Centro. Una tarde Aké no puede disimular su malestar:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“La soledad mata, quedarme acá encerrado todo el día me está matando. Me siento como encerrado, es eso, en la cárcel, no hay nada que hacer y me aburro” (21/04/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Aké se siente “bloqueado” en el tiempo (de la espera) y en el espacio (del Centro). Muchos interlocutores manifestaron la percepción de un “tiempo perdido” (“demasiado tiempo”). Se trata de un tiempo que “llenar”, un tiempo que es “demasiado”, lo que reenvía a un lenguaje que Alfred Gell&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;A. Gell, The anthropology of time. Cultural constructions of temporal maps and images, Oxford, Berg Publishers, 1992.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote14&quot; href=&quot;#footnote14&quot;&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; califica como reificador del tiempo, y que corresponde a un régimen temporal objetivado más que vivido. El tiempo es percibido como un valor y la espera aparece asociada a la pérdida de un bien (“ganar” o “perder” el tiempo). El valor de la espera en el Centro aparece, sin embargo, también, como mencionara, vinculada a la posibilidad, en términos de Aké, “de aprender todo el engranaje” de los códigos (burocráticos, sociales, lingüísticos, etc.) franceses. El trabajo de aprendizaje permite otorgar un sentido a la espera, matizando así la concepción de la estancia en el Centro como una “pérdida de tiempo”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Sin intención de caer en una visión funcionalista del fenómeno religioso, me gustaría señalar que la actividad religiosa, por su parte, puede constituir una forma de “olvidar” la espera y de renovar la esperanza, o, al menos, otra forma de “pasar el tiempo”. El sr. Jaraonary, originario de Madagascar, va todos los domingos a la iglesia protestante de Porte de Lilas junto a su mujer y su pequeño hijo:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“estamos contentos [porque] Dios nos apoya, está con nosotros. Después del desayuno, lo llevamos [a su hijo de tres años] a la sala de juego, luego subimos a leer la Biblia y a rezar (…) [Cuando] pensamos en los problemas, en la entrevista con la OFPRA, no sabemos qué va a pasar, cantamos y rezamos y nos sentimos mejor (…) pensamos en otra cosa, en una casa bonita y en el trabajo, cuando ya podamos tener otro hijo” (14/04/04).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Las horas de canto y de rezo, en la iglesia o en la habitación del Centro, permiten ocupar el tiempo de espera a la vez que la desplazan hacia el futuro, focalizando en la dimensión de la espera vinculada a las expectativas del tiempo venidero (cuando tengan “una casa bonita”, un trabajo y “cuando ya podamos tener otro hijo”). Es cierto que la actividad religiosa no parece, en el caso de Aké, contribuir a “olvidar” la temporalidad impuesta por la burocracia. Aparece, sin embargo, como una forma de ordenar el “tiempo vacío”. Sobre todo, durante las semanas de Ramadán, único momento del año en el que Aké cumple con las cinco plegarias cotidianas y los rezos específicos de la celebración. El ritmo de la jornada está marcado por el ayuno y las oraciones. Durante este mes, “los días pasan más rápido a pesar del sacrificio de estar sin comer ni beber durante toda la jornada”.
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
La espera y la “vida tranquila” en el Centro constituyen asimismo el momento y el espacio para pensar en el futuro. En la espera se despliega todo un imaginario respecto del “después” (el fin de la evaluación del estatuto), donde comenzaría una “nueva vida”, una “vida normal”. El día en que Pedro, peticionante cubano, recibió la carta que confirmaba la obtención del estatuto de refugiado, admitía:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Es muy fuerte, no lo puedo creer. Es la primera buena noticia desde que estamos acá. No puedo evitar las lágrimas. Ya me siento distinto, ahora las cosas cambian, ya tengo derecho a luchar, a seguir luchando. Empiezo una nueva vida” (09/11/04).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La “nueva vida” que aparece en el discurso de todos los solicitantes de asilo encontrados puede, en cierta medida, parecer improbable o, simplemente, una frase que retoman de los trabajadores sociales que, del mismo modo que dicen “felicitaciones” cada vez que un peticionante obtiene el estatuto, tratan de levantar el ánimo de otros aconsejándoles que piensen en su “nueva vida, después”, dentro de no demasiado. En una reunión informal con colegas tesistas, cuando comenté los imaginarios de una “vida normal” que se constituyen en el Centro, me señalaron que una vida de ese tipo no era más que una caricatura poco verídica de la “vida real”. Es posible. Sin embargo, sugiero que, cuando mis interlocutores se refieren a una “nueva vida”, lo que ponen en evidencia es su deseo de dejar el Centro y tener un espacio que consideren su lugar (eventualmente, su “hogar”). Vale recordar que el Centro nunca es considerado de tal modo. La articulación entre la temporalidad de la espera y el marco espacial en el que ésta se despliega se hace evidente. Por supuesto el “horizonte de espera”&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;R. Koselleck, Le futur passé. Contribution à la sémantique des temps historiques, Paris, Editions de l’EHESS, 1979.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote15&quot; href=&quot;#footnote15&quot;&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; de los peticionantes de asilo en Francia, está claramente vinculado a la obtención del estatuto o, más bien, a la regularización de su situación jurídica, cualquiera sea la vía para lograrlo. Así, la petición de asilo es concebida por algunos interlocutores como una posibilidad entre otras, la espera en el Centro es, pues, vivida como un momento transitorio y no como específicamente definitorio.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Desde que conozco a Aké sus proyectos no han cambiado. Para él, la “vida normal” es tener una estabilidad jurídica que le permita, primero, continuar sus estudios y tener un empleo. Luego, si la situación de su país lo permite, dice que quiere volver a Costa de Marfil, reencontrar a su hija:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Una vez que la paz, una vez que los hermanos marfileños se pongan de acuerdo sobre un principio de democracia, creo que a partir de ese momento será tiempo de volver (…) [si] lo que me trajo a Francia ya no tiene razón de ser entonces espero volver” (19/12/06).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La espera aparece aquí vinculada a la esperanza, lo que remite al doble significado del término “esperar”, que se evidencia en francés e inglés. En ambos idiomas existen dos términos diferentes para designar la dimensión vinculada a la duración, esto es, el permanecer (en un sitio) donde se cree ha de ir alguien o donde se presume ha de ocurrir algo (attendre/wait), y la dimensión que implica una suerte de proyección al futuro, vinculada a la esperanza (espérer/hope)
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
Volvamos atrás en la biografía. En abril de 2005 Aké se pone a trabajar en París, reemplazando a un amigo en el servicio de limpieza de una empresa. Dice que está bien por el dinero, que no le gusta limpiar las cosas de otros pero que al menos ocupa su día. Desde entonces, sólo lo cruzo rápido por la mañana, cuando baja en busca del correo. Admite que ya no soporta estar en el Centro, que si no se consigue algún “trabajito” prefiere estar todo el día en el bar de Clichy antes que quedarse en su habitación. En septiembre nos encontramos a tomar un café. Desde hace un mes trabaja en un restaurante marfileño:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“me hace bien, cambié un poco mi cotidianidad, está bien así no estoy todo el tiempo encerrado… Vuelvo tarde al Centro, está bien (…) Después de todo, [el trabajo] permite vivir en la espera… en realidad, vivir la espera” (08/09/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El trabajo aparece aquí como una táctica que permite a Aké esquivar, en alguna medida, ciertos efectos del Centro, como el control o el confinamiento. La noción de táctica implica, siguiendo a Michel de Certeau&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;M. De Certeau, L’invention du quotidien, tome 1, Paris, Gallimard (Folio), 1980.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote16&quot; href=&quot;#footnote16&quot;&gt;16&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, un tipo de acción basado en una racionalidad pragmática, donde no existe el cálculo o la previsión. Por el contrario, se trata de pequeñas prácticas cotidianas que aprovechan las oportunidades que se presentan en el momento. El trabajo en el restaurante permite a Aké obtener un ingreso de dinero que se suma al subsidio del Estado y que es capital para cubrir los gastos del abogado, abre una vía de socialización y le permite recuperar cierta autoestima. Tal como plantea el sociólogo Smaïn Laacher&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;S. Laacher, « Eléments pour une sociologie de l’exil », En : Politix, 24, n° 6, Paris, Armand Colin, 2004.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote17&quot; href=&quot;#footnote17&quot;&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; en su análisis sobre los inmigrantes “clandestinos”, el empleo ilegal aparece como un “fraude necesario”, moral, política y simbólicamente ambivalente. De allí la actitud de tolerancia de los profesionales de los Centros, que, incluso, a veces estimulan el trabajo “en negro”. A ello debemos sumar otro elemento, a saber, que el trabajo constituye una táctica que permite a Aké ocupar el tiempo de espera, le permite estructurar su vida cotidiana a partir de una temporalidad particular (con fechas, horarios). Permite así “disfrazar” la espera, “vivirla” en oposición a la espera vinculada al aburrimiento, que es objetivada y percibida como “no vivida”. Unos meses más tarde, durante una entrevista, Aké me explica:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“Con la evolución del tiempo no tenés la misma aspiración, el momento hace que tengas diferentes aspiraciones. Cuando llegué era todavía…, me acechaba la idea de fuga y de clandestinidad, quería sobre todo una vida tranquila, la amenaza estaba como todo el tiempo y quería una vida más tranquila. Después, otras cosas te vienen a la cabeza, cómo decirlo, la idea… en realidad, cuando te das cuenta que estás en Francia, que no hay casi peligro, empiezan a jugar otras cosas, tu vida… te da la impresión de que tu vida no avanza, no hacés nada (…) quedarse acá todo el día sin hacer nada es muy molesto” (19/12/05).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El trabajo aparece como una forma de “hacer algo”. Otras actividades pueden también “engañar” la espera. José, por ejemplo, mientras aguardaba la respuesta a su petición, se dedicaba a la actividad política en una asociación de exiliados cubanos. Participaba en conferencia, programas de radio, encontraba gente, hacía relaciones. Según sus propios términos, seguía trabajando para su país.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Prestar atención a las tácticas desplegadas, por más minúsculas que sean, permite, por otra parte, alejarse de aquellos que sólo ven a los peticionantes de asilo, y más ampliamente a los refugiados, como víctimas. Abordar las posibilidades de acción de los solicitantes de asilo, aun cuando se encuentran, por así decir, atrapados en el espacio y perdidos en el tiempo, es, simplemente, tomarlos en cuenta como sujetos.
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
Cuando comencé mi trabajo de campo en los centros de recepción y asistencia para solicitantes de asilo me parecía que todo el mundo hablaba de la espera. Los asistentes sociales mencionaban constantemente frases del tipo “no es para nada obvio vivir en la espera” o “nuestro trabajo es manejar la espera”. Cuando les preguntaba por ella, los solicitantes de asilo respondían que la espera constituía “una angustia terrible”, que era “difícil de vivir”, que era “insoportable”. Ahora tengo la sensación contraria, que, finalmente, dicen poco sobre la espera. Para darse una pequeña idea, sobre 80 000 palabras de entrevistas, el sustantivo “espera” y el verbo “esperar” sólo aparecen 72 veces, lo que no parece una cifra exorbitante. Sin embargo, no se puede decir que porque no se la nombra no existe. Aké, al igual que el personaje de la novela de Antonio di Benedetto, Diego de Zama, al que hace referencia el epígrafe de este texto, lleva la espera en soliloquio… Sólo de vez en cuando menciona la espera de “los papeles”. Puede eventualmente hacer un comentario sobre su presente incierto, sobre su “situación”, pero no dice la espera. El silencio o la “pobreza de palabras”, para retomar a Veena Das&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;V. Das, Life and Words. Violence and the descent into the ordinary, California,  University of California Press, 2007, p. 79.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote18&quot; href=&quot;#footnote18&quot;&gt;18&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, corresponde a la imposibilidad de decir la violencia cotidiana de la espera normalizada en el espacio del Centro. De hecho, Aké sólo lo hace cuando yo abordo explícitamente el tema. Una tarde, durante una entrevista, le señalo que nunca me había hablado de su espera, que nunca había empleado el término (lo que, en realidad, no era cierto como podría constatar más tarde). Mi pregunta, creo, le pareció ridícula. Simplemente sonrió y respondió: “sí [risas], sí pero más o menos hablamos de eso, siempre es eso en realidad”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El presente artículo trata, de manera sucinta, la biografía de un hombre marfileño a través de “eso” que es la espera. ¿Serían muy diferentes estas páginas si abordara las experiencias de una joven mauritana? ¿O de una mujer rusa? ¿O de un joven colombiano? Formulado en otros términos, ¿existen diferencias culturales o de género en la relación a la espera, de acuerdo a lo observado en los Centros? El tiempo es un elemento importante en la (construcción de la) subjetividad. Y la temporalidad no es universal, el tiempo no es concebido de igual modo por todos en todos lados. No todas las personas que entrevisté tienen el mismo vínculo con la espera (tampoco viven del mismo modo el confinamiento). Hablar de la experiencia de la espera en singular no implica en lo absoluto rechazar la posibilidad de las experiencias de la espera en plural. Sin embargo, las diferencias parecen tener más que ver con las trayectorias que con las culturas. La diversidad de prácticas de la temporalidad proviene de las implicancias específicas que confieren a cada situación su singularidad temporal. Así, el Centro imprime la particularidad de una temporalidad de la espera que viven todos los peticionantes de asilo (en este sentido utilizo el término de experiencia en singular). Las diferencias que puedan existir en la forma de percibir la espera radican en los diferentes recorridos. El capital social y simbólico de la persona, la historia que provoca la migración, su trayectoria, todo eso permite explicar la multiplicidad de experiencias (en plural) de la espera. Por supuesto, la concepción del tiempo en un pueblo africano es diferente de la que existe en Europa del Este o en alguna parte de Asia, o del tiempo tal como se concibe en Francia. Debo decir, frustrando tal vez a algún relativista cultural, que no encontré que las diferencias culturales remitan sistemáticamente a diferencias en cuanto a la percepción de la espera. El género tampoco parece instaurar grandes diferencias. Existe, sí, una distinción en cuanto al rol social atribuido, puesto que la cotidianidad de las mujeres madres se encuadra en una temporalidad vinculada a la escolaridad, a las necesidades de los hijos y a la sociabilidad que se desarrolla en torno a ellos. Pero los hombres padres se encuentran en la misma situación cuando se trata de familias monoparentales. Cuando están ambos padres, en muchas de las familias observadas, el padre se mantiene un poco al margen de las estructuras temporales establecidas por la escolaridad pero si éste pasa mucho tiempo en el Centro, en general, termina acoplándose al ritmo escolar. Las mujeres son quienes se ocupan con mayor frecuencia de las actividades domésticas, las comidas suelen pautar la jornada. Sin embargo, ello no crea una diferencia sustancial respecto de la experiencia masculina. Tampoco les permite soslayar la espera.
&lt;/p&gt;
&lt;div align=&quot;center&quot;&gt;
***
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;
Una mañana de octubre 2005 me cruzo a Aké en la escalera del Centro. Va apurado al correo, parece que tiene “una carta importante”, “es la respuesta, es la respuesta”, sospecha. Lo acompaño. Mira el sobre, “es negativo, seguro, están los documentos, es negativo”. En efecto. Volvemos hacia el Centro. Aké llora discretamente, rompe el silencio sólo un instante: “no me lo esperaba, un año de espera para esto”. No dirá nada más. Deja su trabajo en el restaurante y se queda durante días encerrado en su habitación. Deja de participar en las actividades institucionales, “se aísla”. Los asistentes sociales dicen que fue muy duro para él… Vuelven los días de televisión, de mandarinas, de radio. Pero recobra fuerzas para redactar la apelación, contrata un abogado. Y espera que lo convoquen a una audiencia frente al tribunal de la Comisión de Apelaciones. En enero de 2006 vuelve a hacer un reemplazo en el servicio de limpieza. Lo veo poco. En abril nos encontramos en Clichy para tomar un café. Un amigo que obtuvo su permiso de residencia le “presta” su nombre para conseguir pequeños trabajos a través de una empresa de empleos temporales:
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;citation&quot;&gt;
“No es totalmente legal pero al menos eso [el trabajo] me cambia las ideas, veo otra gente, saco un poco de plata para pagar el abogado, no estoy encerrado todo el día en el Centro. Si no trabajo vengo acá. Puedo venir a la mañana, ir a almorzar a Porte de Clichy [un comedor social] y después volver y quedarme hasta la noche. No puedo estar más en el Centro. Así al menos el tiempo pasa más rápido, cambio un poco de aire” (13/04/06).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El tiempo en el Centro para peticionantes de asilo aparece como un intersticio, una interrupción momentánea, un tiempo para ocuparse de sí teniendo asegurados los medios de subsistencia, en una trayectoria marcada por la circulación. Durante esta pausa se despliega una temporalidad de la espera cuyos contornos he intentado trazar en estas páginas. El objetivo ha sido explorar su contenido, es decir, las actividades cotidianas para pasar, olvidar, matar el tiempo: mirar la televisión, discutir con los vecinos, conmigo, escuchar la radio, ver amigos, rezar, trabajar… El acento puesto en la espera, en la biografía estudiada, puede parecer subestimar las otras dimensiones de la experiencia de los solicitantes de asilo que acceden al dispositivo de asistencia estatal (el confinamiento, el control, la alteridad, constituyen otros aspectos de la misma). Sin embargo, me pareció necesario dar cuenta de las prácticas cotidianas de Aké así como de sus percepciones en tanto revelan la forma en que la espera atraviesa su vida y el lugar central que ocupa en la experiencia de quienes, como él, solicitan refugio en Francia.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Veintinueve meses después de recibir aquella carta con una respuesta negativa de las autoridades francesas, Aké fue convocado a la instancia de apelación. Los jueces decidieron otorgarle el estatuto de refugiado. El fin de la espera. El comienzo de otras.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&amp;nbsp;
&lt;/p&gt;


&lt;div class=&quot;footnotes&quot;&gt;&lt;div id=&quot;footnote1&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote1&quot;&gt;1&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;De acuerdo con la definición jurídica internacional, es refugiado toda persona que: “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él” (Convención de Ginebra, Art. I. A.2, cf. &lt;a href=&quot;http://www.unhcr.ch&quot; title=&quot;www.unhcr.ch&quot;&gt;www.unhcr.ch&lt;/a&gt;). Quien solicite esta protección internacional es considerado un “peticionante de asilo”. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote2&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote2&quot;&gt;2&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Dichos centros son financiados por el Estado y administrados por diversas ONGs. Se trata de instituciones parcialmente cerradas de albergue colectivo, que ofrecen un seguimiento sanitario, ayuda jurídica para la petición de asilo, escolarización para los hijos y un acompañamiento social. En ellas se encuentran entre 80 y 300 personas de distintas nacionalidades (familias numerosas, monoparentales, personas solas) mientras esperan la resolución de su solicitud de refugio. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote3&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote3&quot;&gt;3&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Su nombre, así como el de todos mis interlocutores, es ficticio. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote4&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote4&quot;&gt;4&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Con el fin de evitar la discusión respecto de la verdad o falsedad del relato y la legitimidad o ilegitimidad de la petición de asilo – discusión sin duda interesante, y que adopta a menudo proporciones inconmensurables, pero que poco aporta a la exploración de la espera –, no aparece en este texto ninguna referencia clara o precisa a la “historia de persecución” de Aké. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote5&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote5&quot;&gt;5&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Todas las citas textuales de Aké están traducidas del francés. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote6&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote6&quot;&gt;6&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Las solicitudes que obtienen una respuesta positiva, esto es, el reconocimiento de la condición de refugiado, no superan el 20%. Aunque no hay datos oficiales, se calcula que los peticionantes de asilo que se encuentran en los Centros tienen entre un 50 y un 85% más de chances de obtener el estatuto.  &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote7&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote7&quot;&gt;7&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Cf. D, Fassin, « Compassion and Repression: The moral economy of immigration policies in France», En: &lt;i&gt;Cultural Anthropology&lt;/i&gt; 20, nº 3, AAA/ University of California Press, 2005. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote8&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote8&quot;&gt;8&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Las nuevas reglamentaciones de 2007 acentúan las prácticas de control, obligando a las autoridades de los Centros a enviar regularmente a la Prefectura de policía información sobre los extranjeros que albergan. Lo que, entre otras cosas, permite al Estado ubicar a los peticionantes de asilo cuya solicitud acaba de ser rechazada (y que los convierte en ilegales), para, eventualmente, apresarlos y expulsarlos del espacio comunitario europeo. Basta echar una mirada a los diarios franceses para notar que las operaciones de control de identidad y de detención de “ilegales” se han vuelto cotidianas, para recordar que el flamante gobierno de Nicolas Sarkozy se ha propuesto batir el récord de expulsiones. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote9&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote9&quot;&gt;9&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;P. Bourdieu, &lt;i&gt;Méditations Pascaliennes&lt;/i&gt;, Paris, Editions du Seuil, 1997. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote10&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote10&quot;&gt;10&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Cf. A. Sayad, &lt;i&gt;La double absence. Des illusions de l’émigré aux souffrances de l’immigré,&lt;/i&gt; Paris, Editions du Seuil, 1999. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote11&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote11&quot;&gt;11&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;De las tres películas mencionadas, Hamaca Paraguaya es la única que trata explícitamente el tema de la espera. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote12&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote12&quot;&gt;12&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Ya sea un aparato viejo, nuevo, grande o pequeño, todos los peticionantes de asilo, vengan de donde vengan, se compran o consiguen un televisor. A pesar de su omnipresencia, sus usos son diversos: forma de conocimiento (de la lengua o la cultura), espectáculo o compañía (cf. V. Caradec,  « Vieillesse et télévision. Diversité des modes de vie et des usages », En : O. Donnant, Olivier (Ed.) : &lt;i&gt;Regards croisés sur les pratiques culturelles,&lt;/i&gt; Paris, La documentation française, 2003). Para Aké la televisión es “un ruido de fondo”, que puede pensarse a la luz de lo que Jakobson (R. Jakobson, &lt;i&gt;Essais de linguistique générale. Les fondations du langage&lt;/i&gt;, Paris, Editions de Minuit, 1963) denomina la función fática del lenguaje, esto es, cuando el mensaje está centrado únicamente en el contacto, el canal físico y la conexión psicológica que permite la comunicación. No se trata aquí de transmitir sentido sino de garantizar la posibilidad de un vínculo con el mundo exterior. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote13&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote13&quot;&gt;13&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160; N. Elias, &lt;i&gt;Du temps&lt;/i&gt;, Paris, Fayard, 1984. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote14&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote14&quot;&gt;14&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;A. Gell, &lt;i&gt;The anthropology of time. Cultural constructions of temporal maps and images,&lt;/i&gt; Oxford, Berg Publishers, 1992. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote15&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote15&quot;&gt;15&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;R. Koselleck, &lt;i&gt;Le futur passé. Contribution à la sémantique des temps historiques&lt;/i&gt;, Paris, Editions de l’EHESS, 1979. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote16&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote16&quot;&gt;16&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;M. De Certeau,&lt;i&gt; L’invention du quotidien&lt;/i&gt;, tome 1, Paris, Gallimard (Folio), 1980. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote17&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote17&quot;&gt;17&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;S. Laacher, « Eléments pour une sociologie de l’exil », En : &lt;i&gt;Politix&lt;/i&gt;, 24, n° 6, Paris, Armand Colin, 2004. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote18&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote18&quot;&gt;18&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;V. Das, &lt;i&gt;Life and Words. Violence and the descent into the ordinary&lt;/i&gt;, California,  University of California Press, 2007, p. 79. &lt;/div&gt;

&lt;/div&gt;</description>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/category/mots-clefs/attente">attente</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/category/mots-clefs/cada">cada</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/category/auteurs/ckobelinsky">ckobelinsky</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/category/mots-clefs/demandeurs-d%E2%80%99asile">demandeurs d’asile</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/85">france</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/category/mots-clefs/immigration">immigration</category>
 <pubDate>Thu, 01 Oct 2009 18:00:00 +0200</pubDate>
 <dc:creator />
 <guid isPermaLink="false">55 at http://www.editionspapiers.org</guid>
</item>
<item>
 <title>Société du football</title>
 <link>http://www.editionspapiers.org/publications/societe-du-football</link>
 <description>&lt;p&gt;
Les notes qui suivent ont été rédigées en deux temps. La première moitié, au lendemain de la demi-finale de la Coupe du Monde de football 2006 qui opposait l’équipe française au Portugal. L’autre moitié, dans les jours qui ont suivi la finale perdue par les Français contre l’Italie.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Ces réflexions, généralement lacunaires, reposent sur deux propositions qu’il est plus commode de préciser d’emblée.&lt;br /&gt;
Proposition n°1 : il est probable qu’un match de football ne se gagne pas par l’accumulation des buts, mais grâce à la création et l’incorporation par les joueurs d’images de victoire. Contre toute attente, le matériel élémentaire du match de football n’est pas la physicalité (le terrain, le ballon, la vitesse, la frappe) mais l’imaginaire (et c’est ce qui explique les engouements et les débordements des publics et des nations).&lt;br /&gt;
Proposition n° 2 : un seul joueur de football en activité a compris l’importance des images, la nature imaginaire de son sport.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ-jaune.jpg&quot; alt=&quot;Jaune&quot; align=&quot;middle&quot; height=&quot;112&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Ces propositions, on l’aura compris, sont des hypothèses de travail. Hypothèses qui présentent le grand intérêt de déplacer les approches de la pratique sportive hors du champ d’analyse des professionnels et des discours critiques-médiatiques qui les relayent.&lt;br /&gt;
Le choix d’un objet a priori peu noble et une focalisation étroite ont des vertus méthodologiques : le terrain est libre pour l’abstraction et la réflexion spéculative. Ce texte, en conséquence, est composé de sentences assez courtes qui se diffractent ou se réfléchissent entre elles.
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;annexes&quot;&gt;
&lt;b&gt;Repères chronologiques&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1993, &lt;a href=&quot;/node/17&quot; title=&quot;Aka Chris Marker&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Chris Marker&lt;/a&gt; s&#039;approprie une phrase de George Steiner et la place en exergue de son &lt;i&gt;Tombeau d’Alexandre&lt;/i&gt;. Que dit cette phrase ? « Ce n’est pas le passé qui nous domine. Ce sont les images du passé&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;George Steiner, Dans le château de Barbe-Bleue (Notes pour une redéfinition de la culture) (1971 pour l’édition originale, 1973 pour la traduction française), Paris, Gallimard-Folio, 1986, p. 13. La citation exacte est la suivante : « Ce n’est pas le passé lui-même qui nous domine, sauf, peut-être, par le biais des déterminations biologiques. Ce sont les images du passé. » (source : Paul Lechat).&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote1&quot; href=&quot;#footnote1&quot;&gt;1&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. » Faire ce film, faire le portrait du cinéaste soviétique Alexandre Medvedkine, c’est pour Marker une manière d’autoportrait. C’est surtout tâcher d’identifier &lt;a href=&quot;http://simpleappareil.free.fr/lobservatoire/index.php?2007/02/01/35-trous-noirs-a-propos-de-chris-marker&quot; title=&quot;L&#039;oBservatoire - Trous noirs&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;quelles images l’ont dominé&lt;/a&gt;, qui ont donné leurs caractères à son existence et à son engagement.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2005, Zinédine Zidane revient en équipe de France de football – il a visiblement une idée, ou une image, derrière la tête.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5 juillet 2006, l’équipe de France s’est qualifiée pour la finale de la coupe du monde de football.
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre1&quot;&gt;
Avant la finale
&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: left&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-weight: bold&quot; class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;(1&lt;/span&gt;&lt;sup class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-weight: bold&quot;&gt;ère &lt;/sup&gt;&lt;span style=&quot;font-weight: bold&quot; class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;période: rédaction des 6-8 juillet)&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;1.&lt;/b&gt; Le match de football fournit un cadre d’expression à une expérience collective sublimante et le fait sur un mode spectaculaire, c&#039;est-à-dire en produisant les images de cette expérience accomplie. (L’analyse peut débuter.)
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre2&quot;&gt;
Le stade est un médium
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;2.&lt;/b&gt; Au fond, le football n’est qu’un prétexte pour produire des images ; ces images sont potentiellement politiques puisqu’il s’agit de produire du « vivre ensemble ». &lt;br /&gt;
Un bon match est un match d’entente, où tout roule, où tous les joueurs d’une équipe « coulissent » efficacement. Dans le football moderne et en termes techniques, on appelle ça « jouer en bloc » (homogène).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;3.&lt;/b&gt; Le sujet du bac de philo, cette année en équipe de France 2006, c’est : « on vit ensemble, on meurt ensemble » ; l’important, et visiblement c’est nouveau, réside dans le complément de manière : « ensemble ». Exit Trézegoal. (A titre personnel, je donnerais cher pour avoir la copie de Thierry Henry.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;4.&lt;/b&gt; Les images de victoires montrent des hommes en tas, des hommes ensemble ; les images de la défaite montrent un homme seul.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;5.&lt;/b&gt; Le match de football se gagne dans la sphère imaginaire. Le corps des joueurs est une ambiguïté.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;6.&lt;/b&gt; Un joueur de football ne répète pas ce qu’on lui a appris à l’entraînement, il rejoue des images qu’il a vues, jusqu’à proposer une nouvelle image, une image propre.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;7.&lt;/b&gt; Le stade est un médium : le lieu où se rassemblent et se concentrent les images. Un écran ou un site imaginaire.&lt;br /&gt;
Il n’y a qu’en apparence qu’il est une aire plane et fraîche.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;8.&lt;/b&gt; Un seul joueur de football en activité a compris l’importance des images, la nature imaginaire de son sport. Ou plutôt, lui seul a su pousser jusqu’à leur paroxysme les implications de cette prise de conscience.&lt;br /&gt;
En témoigne son jeu, qui tend de plus en plus vers la négation de la pesanteur et de plus en plus vers l’abstraction : le plus gros problème technique que se pose ce joueur, en ce moment, c’est de réussir à muter le pied d’appui en pied joueur, contrôleur, passeur. Notons bien que cette recherche est aussi une problématique temporelle, puisqu’il s’agit de prendre un coup d’avance sur le temps courant.&lt;br /&gt;
En témoignent la mise en scène de sa disparition, puis celle de son retour.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;9.&lt;/b&gt; « Un seul joueur »… puisqu’il est l’ultime, appelons ce joueur ZZ …&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ-tete.gif&quot; height=&quot;275&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;10.&lt;/b&gt; Ce joueur, aux yeux de tous, joue au football ; lui seul semble comprendre qu’il joue pour l’histoire, et d’abord l’histoire des formes et des images. Ce faisant il qualifie exactement ce qu’est le jeu « football » – un prétexte – et rétablit les réalités imaginaires dans leurs justes prérogatives.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;11.&lt;/b&gt; ZZ joue avec l’histoire des images du football sur le dos ; elles sont même désormais son interlocuteur principal.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;12.&lt;/b&gt; D’ailleurs ZZ porte toujours deux maillots : l’un, bien visible, est celui de l’équipe de France ; l’autre, dessous, sur la peau, reste généralement caché. C’est une bonne façon de figurer qu’on est de deux appartenances.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;13.&lt;/b&gt; ZZ ne joue pas sur un terrain de 115m x 60m. Rentrer sur un stade, pour ZZ, ne signifie pas appliquer telle ou telle tactique, tel ou tel schéma de jeu, mais intervenir dans le substrat imaginaire ; c’est légitimement qu’on lui a trouvé un air grave.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;14.&lt;/b&gt; ZZ forme sous nos yeux, donc au présent, une mythologie future.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;15.&lt;/b&gt; L’affiche Brésil-France était un règlement de compte à l’échelle de l’histoire du sport, pas seulement un quart de finale ; l’écoulement de 8 années, entre les deux Coupes du Monde, n’avait aucune sorte de réalité. Il s’agissait d’une correction dans l’ordre symbolique ; les deux seules équipes imaginairement consistantes&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Le Brésil du fait de son histoire, de ses titres passés. La France, du seul fait de la présence de ZZ.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote2&quot; href=&quot;#footnote2&quot;&gt;2&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;, face à face : l’équipe française a pris le dessus sur l’équipe brésilienne au titre d’images anciennes, de victoires passées – l’imaginaire pesait comme un treizième homme.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;16.&lt;/b&gt; Cet amas d’images est le véritable terrain de jeu de ZZ, le seul capable de stimuler son désir, de justifier son retour.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;17.&lt;/b&gt; ZZ est revenu au titre d’une vision. &lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ_-_course_cm06.jpg&quot; alt=&quot;zinedine zidane&quot; align=&quot;right&quot; height=&quot;143&quot; hspace=&quot;7&quot; vspace=&quot;7&quot; width=&quot;216&quot; /&gt;D’aucuns ont cherché une mystique, d’autres ont répondu qu’il avait rêvé. En fait personne ne sait ce que voit ZZ.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;18.&lt;/b&gt; « Revenir » pour ZZ ne signifie pas revenir jouer au foot.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;19.&lt;/b&gt; Maigreur de ZZ (les avant-bras, le torse, les cannes). Juste une image.
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre2&quot;&gt;
Manipulation, montage, procédures : trafic des images
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;20.&lt;/b&gt; Le football est le médium avec lequel ZZ ordonne sa puissance d’image (et comme tous les artistes fondamentaux, ce réagencement affecte tous les membres de la communauté).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;21.&lt;/b&gt; Plusieurs fois cette saison, ZZ a semblé faire primer la perfection formelle (rythmique, sensible, stylistique) du jeu sur son efficacité. Un certain nombre de gestes qu’il a tentés ne pouvaient que difficilement s’expliquer par une logique de pure efficience.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;22.&lt;/b&gt; Le talent technique de ZZ n’est pas une finalité. Ce n’est pas le signe de la maturité, l’indice de la maîtrise absolue d’une pratique, c’est le moyen qu’il a choisi pour produire toujours plus d’images ; images dont il fait ensuite des victoires. C’est le choix de faire prévaloir la dimension imaginaire de son sport qui fait le véritable talent de ZZ, et sa singularité.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;23.&lt;/b&gt; Tel est le calcul de ZZ. Chaque geste, chaque création (passe, tir, accélération, coup d’œil…) est une manière d’alimenter une machinerie d’images vertueuses. Il y a un effet d’entraînement puisque chaque geste réussi contribue à écrire l’histoire, c&#039;est-à-dire à déplacer le jeu dans la sphère symbolique. Déplacement qui, à son tour, rend le geste suivant d’autant plus capital et difficile, mais imaginairement vertueux. Il s’agit bien pour ZZ d’organiser et de mettre en scène des images de victoire, images qui vont venir contraindre le jeu des autres (pour le meilleur chez ses coéquipiers, pour le pire chez l’adversaire), imposer leur puissance d’image.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;24.&lt;/b&gt; La singularité de ZZ se comprend aussi comme ceci : « lui seul » évoluait à un niveau historique suffisant (ses titres et « sa carrière ») pour exercer sa pratique dans la matière même des images. Lui seul a évolué à un niveau suffisant pour n’être pas qu’un joueur de football mais un mythe vivant. Il était le mieux placé pour comprendre les échos imaginaires de son sport, et être à la fois suffisamment engagé lui-même dans une matière d’image pour pouvoir la métamorphoser. ZZ a compris que l’imagerie dont on l’a chargé pouvait être l’allié le plus sûr pour vaincre dans le réel. Il a su, de joueur de football à la carrière hors-normes, devenir pratiquant de l’imaginaire&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;On notera que, à une échelle moindre, c’est exactement le trajet de Vikash Dhorasoo dans le film The Substitute de Fred Poulet (2007). Le footballeur, qui n’a jamais tenu une caméra au début du film – ses premières images sont un autoportrait insistant, ce qui laisse augurer un film narcissique – devient progressivement un véritable filmeur : ne plus se contenter de filmer la chambre-cocon, mais parvenir à sortir la caméra à l’extérieur, dans le monde.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote3&quot; href=&quot;#footnote3&quot;&gt;3&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;25.&lt;/b&gt; Son retour en équipe de France – jubilé mondialisé –, sa nature spectaculaire et créatrice d’images fortes (toutes chargées de senteur mythologique) était le premier temps d’une mise en scène, d’un trafic des images, destinés à extraire le jeu de son cadre habituel.&lt;br /&gt;
Les joueurs qui participent à la fiction proposée par ZZ sont de facto devenus les figurants d’un drame épique, qui les contraint et leur dicte ses règles et leur rôle. ZZ est le metteur en scène.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;26.&lt;/b&gt; Première série d’images donc : la fiction du retour. Sur ce premier montage, ces premières images entraînantes, raccorder de nouvelles fictions génératrices de nouvelles images de victoire (et sur ces images conquérir des victoires sur le terrain réel). &lt;br /&gt;
Nouvelle série d’images : « la rédemption », le joueur vieilli qui peine à retrouver son niveau de légende, mais qui y parvient à la toute dernière extrémité, au moment décisif.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ.gif&quot; height=&quot;375&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;27.&lt;/b&gt; Tout l’effort de ZZ, depuis son retour, consiste ainsi à déplacer le jeu sur un terrain imaginaire où il est seul maître, parce que seul joueur. &lt;br /&gt;
Dès lors qu’il parvient à créer ce déplacement, par une fiction ou un geste grandiose, ce n’est plus un match de football c’est de l’histoire en marche. &lt;br /&gt;
Il a compris encore que c’est en se plaçant toujours plus sur un terrain imaginaire (« le mythe du retour », « le mythe de la décadence »), en créant toujours plus d’images (la multiplication de gestes, l’éloge de la technique, ou plus prosaïquement le &lt;a href=&quot;http://simpleappareil.free.fr/lobservatoire/index.php?2007/02/28/30-la-solitude-du-coureur-de-foot-zidane-portrait-du-21e-siecle&quot; title=&quot;L&#039;analyse de Zidane, Portrait du XXIe siècle sur L&#039;oBservatoire&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;film monographique de Gordon &amp;amp; Parreno&lt;/a&gt;&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Zidane a accepté de participer à l’expérience proposée par deux artistes contemporains, Philippe Parreno et Douglas Gordon, très intéressés par les images que le joueur réalisait. Zidane, un portrait du XXIème siècle, est sorti en 2006, quelques mois avant la Coupe du Monde. Le tournage a eu lieu le 23 avril 2005 au stade Santiago Bernabeu de Madrid. www.annalenafilms.com&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote4&quot; href=&quot;#footnote4&quot;&gt;4&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;) et en instrumentalisant la nature vertueuse de certaines d’entre elles, que l’on fait son allié de l’imaginaire. ZZ est l’un des rares joueurs à avoir saisi que le football se joue à 11 plus une armée de fantômes.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;28.&lt;/b&gt; C’est en ce sens que l’on peut dire que ZZ maîtrise l’imaginaire et qu’il se sert des images pour remporter dans le réel des victoires et des matches de foot.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;29.&lt;/b&gt; Demi-finale contre le Portugal. Henry récolte un penalty. Zidane s’avance : dans le scénario imaginaire qu’il a échafaudé, personne d’autre que lui-même ne peut tirer ce penalty. Il ne s’agit pas seulement de qualifier la France mais de transmuer le coup de pied arrêté en moment de sacré collectif (c&#039;est-à-dire de créer une nouvelle image). ZZ s’avance et tout le monde tremble. Dans les buts, il n’y a pas que le gardien portugais. Il y a toutes les images des penalties ratés par les grands joueurs de l’histoire. Le but est encombré et tout le monde pense que ZZ succombera aux souvenirs (aux précédents). ZZ marque. &lt;br /&gt;
Et il y a tout le reste, tous les autres indices : l’empressement à tirer, l’absence d’élan : ZZ a rassemblé toutes les contraintes pour mieux les expédier, pour mieux leur tordre le cou, en une fois. La nouvelle image est une image de détermination (pas de joie sur le visage de ZZ ; encore une fois, ZZ ne joue pas au football, il ne succombe pas à la joie immédiate ; il travaille avec les images et dans l’histoire – c&#039;est-à-dire à distance).&lt;br /&gt;
ZZ connaît ses adversaires véritables. Sa détermination, ce but implacable, démontrent assez bien qu’il a appris à « canalyser » les images et à mater l’adversité. La nouvelle image (le penalty sans tremblement) qu’il vient de créer est une image de combat, c&#039;est-à-dire une image sur laquelle fonder les victoires à venir.
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre2&quot;&gt;
puissance des images
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;30.&lt;/b&gt; ZZ est le premier joueur de football qui n’est pas instrumentalisé par son sport pour en produire l’imaginaire, mais qui instrumentalise son sport pour produire un nouvel imaginaire. Le réel est pour l’heure relégué sur le banc des remplaçants (avec David Trézeguet, le comble du réalisme footballistique).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;31.&lt;/b&gt; ZZ sent les images en lui, il a la maîtrise de leur expression, et surtout la foi dans leur puissance. Il a l’image, la conscience qu’elle ordonne le réel et la connaissance suffisante pour réaliser son théorème. C&#039;est-à-dire qu’il soumet la réalité, l’adversaire (ses coéquipiers aussi), la raison habituelle, les psychologies et les théories tactiques, à son immense productivité imaginaire.&lt;br /&gt;
(Combien d’hommes capables de faire reculer les conceptions du réel et d’emporter dans leur fabulation visionnaire une bonne partie de l’humanité ?)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;32.&lt;/b&gt; Toute la question est désormais de savoir jusqu’où il va être capable de plier les composantes du réel (la fatigue, les déterminants tactiques et techniques, l’adversaire, l’espace matériel) à son désir imaginaire, aux images nouvelles qu’il a en lui et qu’il est en train d’imposer à la planète football, c&#039;est-à-dire à la planète entière.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ-victoire.gif&quot; height=&quot;275&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;33.&lt;/b&gt; Les Italiens, les malheureux, ne vont pas jouer contre une équipe de football, mais contre une structure imaginaire que ZZ propose et anime. Vu son niveau de maîtrise et d’implication, vu sa soumission aux images qui le dominent, vu son désir, on leur souhaite bon courage. Ils sont d’autant plus mal partis qu’ils n’ont pas l’air de savoir ce qu’ils affrontent (ils pensent logique de terrain, économie défensive, etc.).
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre1&quot;&gt;
Après la finale
&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: left&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-weight: bold&quot; class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;(2&lt;/span&gt;&lt;sup style=&quot;font-weight: bold&quot; class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt;e&lt;/sup&gt;&lt;span style=&quot;font-weight: bold&quot; class=&quot;Apple-style-span&quot;&gt; période : rédaction des 10-12 juillet)&lt;/span&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;34.&lt;/b&gt; L’équipe de France a perdu : Zidane seul… (dans les journaux, sur les images).&lt;br /&gt;
Carton rouge. Rouge rideau.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;35.&lt;/b&gt; Il aura tout tenté : il aura jusqu’au bout tenté de produire des images de victoire. Comment justifier autrement un geste comme la panenka (penalty lobbé, petite pichenette en « feuille morte » en plein centre du but, inimaginable en finale&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Hormis dans une perspective historique : Antonin Panenka, star du football tchécoslovaque des années 1970, a « créé » ce geste génial en finale du championnat d’Europe 1976 (mais lors de la séance des penalties).&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote5&quot; href=&quot;#footnote5&quot;&gt;5&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;), sinon pour ranger définitivement les images derrière lui et sceller le sort des Italiens&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Le fait que la balle a heurté la barre transversale avait valeur de symptôme : l’imagination régnante du joueur commençait à se heurter au réel prosaïque.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote6&quot; href=&quot;#footnote6&quot;&gt;6&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; ? De même, la pseudo blessure à l’épaule : une façon supplémentaire d’injecter des référents imaginaires, une tentative de plus pour se conformer aux dramaturgies héroïques.
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre2&quot;&gt;
final
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;36.&lt;/b&gt; L’Italie marque. Egalité. Les Français commencent à jouer comme s’ils avaient un score à remonter ! C’est la donnée imaginaire fondamentale du match : les Français « courent » après un score égal !&lt;br /&gt;
Ce qui ne peut se décrypter autrement que par : sur le terrain tous les joueurs savent que les Italiens gagneront les penalties ; les Italiens le savent et les Français le savent.&lt;br /&gt;
Il faut déterminer désormais si cette course au score a encore consolidé, dans les esprits, la victoire future des Italiens aux penalties. Est-ce que courir après le score, alors qu’on est à égalité, c’est cimenter (produire des images implacables), faire advenir, finalement réaliser, le pressentiment d’une supériorité de l’adversaire ?
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;37.&lt;/b&gt; David Trézeguet est le seul à rater le penalty et c’est sans doute parce qu’il est le seul à n’avoir pas été intégré dans le schème des images de victoire produit par l’équipe de France – il était le banni de l’imaginaire collectif ; sans compter qu’il incarnait le football italien en France et que c’est cette image qu’on lisait sur son visage angoissé avant son tir. Sur un strict plan imaginaire, cela faisait beaucoup de raisons pour qu’il ne tire pas le coup de pied arrêté. (Le fait qu’il ait touché la barre et qu’il n’ait pas complètement dévissé, malgré tout le poids des images, dit assez comme il est un grand joueur ; pas ZZ, mais un grand joueur.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;38.&lt;/b&gt; ZZ a un grand sens du moment décisif, de l’impact imaginaire de certains gestes dans certains moments clés : 108ème minute de la finale de la Coupe du Monde, son dernier match officiel. Il est cuit ; il vient de rater la tête phénoménale qui l’aurait propulsé dans la légende ; il prend conscience que sa chance est passée et que tout est fini.&lt;br /&gt;
Pendant une demi-seconde ZZ hésite ; son visage change : ce n’est pas qu’il écoute Materazzi. C’est qu’il revoit : le centre de Sagnol, sa tête et l’arrêt de Buffon. Ce pour quoi il est revenu vient de lui échapper, définitivement.&lt;br /&gt;
On ne saura jamais s’il aurait pu marquer ensuite – et d’abord son tir dans la série des penalties. Mais la question ne se pose pas, parce que ce n’était pas le résultat – exigence qu’incarne la séance de tirs au but à laquelle il s’est soustrait – que ZZ recherchait mais une forme de perfection dans l’ordre imaginaire. ZZ sur la tête manquée – et on sait ce que représente le coup de tête dans une finale de &lt;i&gt;World Cup&lt;/i&gt; pour ZZ – comprend très bien qu’il vient de disposer de la séquence espérée, la forme parfaite et parfaitement mythique qui justifiait son retour…&lt;br /&gt;
Sagnol, dans le tempo, centrait, son ami Sagnol, et la réalité, une fois de plus, pliait sous sa volonté d’image, il était démarqué, il allait mettre la tête et ça ne pouvait se produire de cette manière qu’une seule fois, surtout dans pareil contexte (qu’une telle action ait pu se produire de cette façon était déjà de l’ordre du miracle).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ_cri.gif&quot; alt=&quot;animation&quot; align=&quot;middle&quot; height=&quot;375&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;39.&lt;/b&gt; Il ne fallait pas rater : le film de Gordon et Parreno nous avait déjà appris qu’un match de foot ne se joue que sur une action. (Il nous avait aussi prédit la fin du scénario. Le Portrait du XXI&lt;sup&gt;e&lt;/sup&gt; siècle prend un tour prémonitoire, assez stupéfiant à considérer le parcours de Zidane sous l’angle imaginaire&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Sur l’influence de ce film, non seulement sur le déroulement de la finale, mais sur la perception du cas Zidane, on se reportera au fascicule, La Mélancolie de Zidane (2006).  Ecrit par Jean-Philippe Toussaint, il est tout entier placé sous le signe saturnien (comme le film des plasticiens).&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote7&quot; href=&quot;#footnote7&quot;&gt;7&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;40.&lt;/b&gt; (Le plus fascinant, peut-être : que ce soit l’imagination d’une action comme celle-ci ou d’une autre similaire, quelque chose de l’ordre d’une quinzaine de secondes, qui a justifié tous les efforts consentis par ZZ et par son équipe sur plus d’un mois. C’est l’imagination d’une action pareille, petite voix dans la nuit, qui a tout déclenché et d’abord le retour.)
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre2&quot;&gt;
coup de boule
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;41.&lt;/b&gt; Occasion ratée, tête manquée… Le reste (la victoire de l’équipe, le pays, environ 3 milliards de spectateurs) ne comptait pas – et l’égoïsme fondamental de ZZ éclatait : puisqu’il n’était pas parvenu à transformer une situation idéale et maintes fois rêvée (l’image mère) par son coup de tête, un autre coup de tête, très réel et aussi décidé, devait nier l’échec précédent d’un écho similaire – fût-il négatif, dût-il tout emporter.&lt;br /&gt;
Au niveau où évoluait ZZ, le résultat de l’équipe de France était insignifiant : dans l’économie imaginaire à laquelle il appartenait, seuls importaient le degré d’intensité et la performance des images.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ-Ctre_2.gif&quot; height=&quot;375&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;42. &lt;/b&gt;Pendant une demi-seconde ZZ hésite. Le coup de boule sur Materazzi, si étrange, est le geste compensatoire, le seul geste qui soit à la hauteur dans l’ordre symbolique de la tête ratée l’instant d’avant. C’est son équivalent, son émanation directe, son alter ego négatif. Il faut un certain génie, un certain sens des images, pour sentir, sur le coup, les polarités symboliques ; et il est rare qu’un génie s’encombre de considérations morales.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;43.&lt;/b&gt; « Un instant d’ambiguïté parfait sous le ciel de Berlin, quelques secondes d’ambivalence vertigineuses, où beauté et noirceur, violence et passion, entrent en contact et provoquent le court-circuit d’un geste inédit&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Jean-Philippe Toussaint, La Mélancolie de Zidane, Paris, Minuit, 2006, p. 9.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote8&quot; href=&quot;#footnote8&quot;&gt;8&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt;. »
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;44.&lt;/b&gt; Il y a quelque chose d’un refus têtu (sans jeu de mots) du principe de réalité dans le geste final de ZZ (je n’irai pas me soumettre à vos penalties, vous n’aurez pas votre victoire). Il y avait quelques ironies (ou alors quelques logiques) à ce que soit le réalisme italien qui vienne à bout de l’imaginaire débordant de ZZ. Et ZZ, qui sent parfaitement ces choses-là, qui a parfaitement senti que c’est tout son mouvement comme joueur et comme créateur imaginaire qui allait être écrasé par le réel réaliste, n’a pas pu laisser faire : il expédie son coup de tête. Il faut le croire – et là seulement- – quand il dit que l’Italien l’a touché sur un truc très profond.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;45.&lt;/b&gt; Sous cet angle, le coup de boule de ZZ fait partie d’une longue tradition de gestes libérateurs et libertaires.&lt;br /&gt;
Révolutionnaires même, puisqu’il s’agit d’en finir avec le système et ces règles.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;46.&lt;/b&gt; Son geste ultime était une manière d’isolement – contre lui (le geste et le joueur, qui ne font plus qu’un), la bonne, la morale, vindicte médiatique. ZZ savait qu’il entrait dans le temps de la solitude, la solitude des défaits (dont témoignent les images en Une). Il a marqué d’un point rouge son acceptation de l’isolement, par plus d’isolement encore, par le bannissement. C’est un grand geste catastrophique, un de ces mouvements par lesquels il s’agit de souligner expressivement ce que la réalité dit trop faiblement. ZZ emporte tout son univers (et d’abord sa « bonne » image) dans la défaite.&lt;br /&gt;
Un geste désespéré, qui, par contre coup, est une manière honnête de reconnaître la valeur et la gravité de son engagement comme créateur sur des années.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;47.&lt;/b&gt; « Puisque je n’ai pas réussi l’essentiel que rien ne demeure ».
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;48.&lt;/b&gt; ZZ a vécu l’expérience du Sublime. Mais puisque la première tête a manqué, l’extase n’a pu être que négative : une implosion du moi, l’effondrement du moi sur lui-même (kénose).&lt;br /&gt;
(L&#039;extase positive ? ç’eût été le dépassement du moi, la communion.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;49.&lt;/b&gt; Le coup de boule peut être interprété diversement. Premièrement, on l’a vu, comme un geste négatif, une négation absolue (par la soustraction, disqualifier le match lui-même, nier jusqu’à son existence même). Deuxièmement comme une manière de déplacer une fois de plus le jeu sur un nouveau terrain imaginaire : le monde entier (sauf l’Italie) s’interroge sur la tête de ZZ et cette interrogation occupe l’espace dévolu normalement à la victoire italienne ; de toute évidence la tête est imaginairement victorieuse. ZZ a tenté de vaincre l’Italie avec ses armes, jusqu’au bout, avec un certain sens du sacrifice, c&#039;est-à-dire en acceptant de prendre le risque maximal, sa damnation imaginaire.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;50.&lt;/b&gt; (Il faut vraiment baigner dans un contexte sécuritaire, pour penser spontanément que l’acte de violence de ZZ, d’une violence profonde et obscure, puisse équivaloir ou être légitimement rapproché d’un acte de délinquance quotidienne. Les apparences fussent-elles trompeuses, les gestes similaires, les deux formes de violences sont symboliquement (et même socialement) incomparables.&lt;br /&gt;
D’ailleurs les gestes ne sont pas si similaires : on avait rarement vu jusqu’ici une petite frappe viser le plexus d’un coup de boule.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;51.&lt;/b&gt; Question fondamentale : pourquoi le ventre ? &lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ_-_portrait21e_ventre.jpg&quot; alt=&quot;amorti du ventre&quot; align=&quot;right&quot; height=&quot;122&quot; hspace=&quot;7&quot; vspace=&quot;7&quot; width=&quot;219&quot; /&gt;ou plus exactement, qu’est-ce qu’il vise en visant le ventre ? qu’est ce que le plexus de Materazzi a représenté ? (les pragmatiques diront que Materazzi était trop grand ; ils pensent avec ce qu’ils veulent.) Kénose ?&lt;br /&gt;
Etait-ce pour signifier l’anéantissement de soi qu’il a miré le ventre ?
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre2&quot;&gt;
symptôme
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;52.&lt;/b&gt; En fait le dernier geste de ZZ sur un terrain de foot, n’a pas été le coup de boule. Ça aura été de retirer son bandeau de capitaine. ZZ n’a jamais su faire une chose : accrocher son brassard. A chaque fois qu’il va revoir ces images où il tire (toujours c’est comme pour l’arracher) sur le bandeau, il va éprouver de l’amertume. Là est bien le fond du problème. Il aura tout tenté (même d’organiser les images, de trafiquer l’imaginaire) pour conduire des hommes à la victoire. Massivement il y aura réussi, seuls quelques détails (et Buffon) l’ont empêché d’atteindre la perfection.&lt;br /&gt;
Pour un perfectionniste, l’amertume vient de détails malheureux. Parfois les détails sont immenses et têtus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;/files/u2/ZZ-bdo.gif&quot; height=&quot;375&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;53.&lt;/b&gt; La véritable face sombre de Zidane, ce n’est pas le coup qu’il porte. C’est la manière dont il a vampirisé toute l’équipe de France, au profit de son projet extra-footballistique. Et cela était dit très tôt. Ça a commencé avec l’imposition de Barthez. En imposant le gardien, en reconstituant sa bande, ZZ déplacait les enjeux hors de la sphère footbalistique : rien, sportivement, ne pouvait justifier cette titularisation. Tout le justifiait dans le projet démiurgique de ZZ et selon une stratégie imaginaire – c’est à Barthez qu’échoue le brassard après l’expulsion de ZZ.&lt;br /&gt;
Il y a eu une sorte de pacte faustien entre ZZ et les autres joueurs de l’équipe de France : il leur apportait tout un stock d’images de victoires que seules lui pouvait mobiliser et maîtriser, et la gloire de la finale&lt;sup class=&quot;see_footnote&quot; title=&quot;Le sélectionneur Domenech a commis une erreur dans la gestion de son équipe : depuis le début de l’aventure, il a parlé « d’atteindre le 9 juillet ». En répétant  sans cesse « atteindre la finale », et non pas « remporter la Coupe », il a formaté l’imaginaire de ses joueurs. Pour le meilleur : ils ont effectivement atteint la finale (vu le niveau de jeu de l’équipe de France avant la compétition, l’assertion « atteindre la finale » paraissait ridicule ou relever de la méthode Coué) ; pour le pire : c’était anticiper – accepter – le fait que l’équipe la perdrait.&quot;&gt;&lt;a name=&quot;refnote9&quot; href=&quot;#footnote9&quot;&gt;9&lt;/a&gt;&lt;/sup&gt; ; eux devaient mourir, sacrifier tous leurs désirs individuels, pour faire consister sa vision.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;54.&lt;/b&gt; ZZ a réussi sa coupe du monde, il est passé du rang de 5 ou 6&lt;sup&gt;ème&lt;/sup&gt; meilleur joueur de tous les temps, au rang de numéro 2 (derrière Pelé).
&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;intertitre1&quot;&gt;
Prolongations
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;55.&lt;/b&gt; Lilian Thuram, au soir de la demi-finale Portugal-France, les yeux embués, parle de « rêves », de « dix ans », de « vu à la télé ». Il parle d’images, de jouer avec les images, de respecter les images – Lilian Thuram a déjà été champion du monde, il avait déjà rejoint les images de son enfance, et pourtant. Bref, il parle de ce qui le fait pleurer : le réel qui se plie aux images, &lt;a href=&quot;http://simpleappareil.free.fr/lobservatoire/index.php?2007/02/01/35-trous-noirs-a-propos-de-chris-marker&quot; title=&quot;Trous noirs : complexes imaginaires et politiques chez Chris Marker&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;le réel qui rejoint les images&lt;/a&gt; – le mouvement des hommes accomplis. &lt;br /&gt;
Ce sont les images qui nous meuvent. Les images nous dominent (jusqu’au sublime).&lt;br /&gt;
(Notons que Lilian a réussi quelque chose d’encore plus grand que son match parfait : par son émotion et sa tenue, il est parvenu à stopper le flux télévisuel. C’est l’état de grâce, l’arrêt sur image : même le reporter infatigable reste coi et n’ose plus parler.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;b&gt;56.&lt;/b&gt; ZZ a évolué dans un champ qui n’est pas seulement sportif, mais aussi imaginaire. Que fait-on de ce constat ? Comment traite-t-on de ce débordement ? De quelle grille d’analyse dispose-t-on ? (Formaliste ou stylistique ? « Imaginaire » ? fantasmatique ? Psycho-analytique ? …)&lt;br /&gt;
Comment parler du cas ZZ ? (L’analyse ne fait que débuter.)
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;annexes&quot;&gt;
Cet article a fait l&#039;objet d&#039;une première publication sur le site d&#039;André Gunthert, &lt;a href=&quot;http://www.arhv.lhivic.org/index.php/2007/03/18/348-societe-du-football&quot; title=&quot;Société du football, AHRV, 18 mars 2007&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;i&gt;Actualités de la recherche en Histoire visuelle&lt;/i&gt;&lt;/a&gt; (EHESS), en mars 2007.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Illustrations&lt;/b&gt; : A l&#039;exception d&#039;une image tirée du dossier de presse de &lt;i&gt;Zidane. Un portrait du XXIe siècle&lt;/i&gt; de Douglas Gordon et Philippe Parreno (&lt;a href=&quot;http://www.annalenafilms.com&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;www.annalenafilms.com&lt;/a&gt;), les illustrations de cet article sont des photogrammes extraits des retransmissions télévisées des matchs France-Brésil et France-Italie.
&lt;/p&gt;


&lt;div class=&quot;footnotes&quot;&gt;&lt;div id=&quot;footnote1&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote1&quot;&gt;1&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;George Steiner, &lt;span style=&quot;font-style: italic&quot;&gt;Dans le château de Barbe-Bleue&lt;/span&gt; (Notes pour une redéfinition de la culture) (1971 pour l’édition originale, 1973 pour la traduction française), Paris, Gallimard-Folio, 1986, p. 13. La citation exacte est la suivante : « Ce n’est pas le passé lui-même qui nous domine, sauf, peut-être, par le biais des déterminations biologiques. Ce sont les images du passé. » (source : Paul Lechat). &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote2&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote2&quot;&gt;2&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Le Brésil du fait de son histoire, de ses titres passés. La France, du seul fait de la présence de ZZ. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote3&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote3&quot;&gt;3&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;On notera que, à une échelle moindre, c’est exactement le trajet de Vikash Dhorasoo dans le film &lt;i&gt;The Substitute&lt;/i&gt; de Fred Poulet (2007). Le footballeur, qui n’a jamais tenu une caméra au début du film – ses premières images sont un autoportrait insistant, ce qui laisse augurer un film narcissique – devient progressivement un véritable filmeur : ne plus se contenter de filmer la chambre-cocon, mais parvenir à sortir la caméra à l’extérieur, dans le monde. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote4&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote4&quot;&gt;4&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Zidane a accepté de participer à l’expérience proposée par deux artistes contemporains, Philippe Parreno et Douglas Gordon, très intéressés par les images que le joueur réalisait. &lt;i&gt;Zidane, un portrait du XXI&lt;sup&gt;ème&lt;/sup&gt; siècle&lt;/i&gt;, est sorti en 2006, quelques mois avant la Coupe du Monde. Le tournage a eu lieu le 23 avril 2005 au stade Santiago Bernabeu de Madrid. &lt;a href=&quot;http://www.annalenafilms.com&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;www.annalenafilms.com&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote5&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote5&quot;&gt;5&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Hormis dans une perspective historique : Antonin Panenka, star du football tchécoslovaque des années 1970, a « créé » ce geste génial en finale du championnat d’Europe 1976 (mais lors de la séance des penalties). &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote6&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote6&quot;&gt;6&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Le fait que la balle a heurté la barre transversale avait valeur de symptôme : l’imagination régnante du joueur commençait à se heurter au réel prosaïque. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote7&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote7&quot;&gt;7&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Sur l’influence de ce film, non seulement sur le déroulement de la finale, mais sur la perception du cas Zidane, on se reportera au fascicule, &lt;i&gt;La Mélancolie de Zidane &lt;/i&gt;(2006).  Ecrit par Jean-Philippe Toussaint, il est tout entier placé sous le signe saturnien (comme le film des plasticiens). &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote8&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote8&quot;&gt;8&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Jean-Philippe Toussaint, &lt;i&gt;La Mélancolie de Zidane&lt;/i&gt;, Paris, Minuit, 2006, p. 9. &lt;/div&gt;

&lt;div id=&quot;footnote9&quot;&gt;&lt;a href=&quot;#refnote9&quot;&gt;9&lt;/a&gt;&amp;#160;&amp;#160;Le sélectionneur Domenech a commis une erreur dans la gestion de son équipe : depuis le début de l’aventure, il a parlé « d’atteindre le 9 juillet ». En répétant  sans cesse « atteindre la finale », et non pas « remporter la Coupe », il a formaté l’imaginaire de ses joueurs. Pour le meilleur : ils ont effectivement atteint la finale (vu le niveau de jeu de l’équipe de France avant la compétition, l’assertion « atteindre la finale » paraissait ridicule ou relever de la méthode Coué) ; pour le pire : c’était anticiper – accepter – le fait que l’équipe la perdrait. &lt;/div&gt;

&lt;/div&gt;</description>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/1">arnaud lambert</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/79">corps</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/84">coup de boule</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/2">football</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/85">france</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/4">imaginaire</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/86">italie</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/5">représentation</category>
 <category domain="http://www.editionspapiers.org/taxonomy/term/89">zinédine zidane</category>
 <pubDate>Sat, 17 May 2008 17:30:04 +0200</pubDate>
 <dc:creator>alambert</dc:creator>
 <guid isPermaLink="false">1 at http://www.editionspapiers.org</guid>
</item>
</channel>
</rss>

